lunes, 5 de noviembre de 2012

Espacio exterior vs. la conquista de uno mismo


Imagen: dprevite


De vez en cuando se publica una noticia sobre el descubrimiento de nuevos planetas. Una vez más, algunos se preguntarán si son como el nuestro, si existe vida inteligente en otros mundos. Una ingeniosa respuesta que leí hace tiempo, y que tiene algo de verdad, decía que aún estamos buscando vida inteligente en el nuestro. ¿Debe importarnos realmente si hay otra civilización allá afuera, si saben de nosotros o incluso si nos están observando? ¿Por qué esperaríamos que entren en contacto con nosotros?
 En nuestro planeta se invierte mucho más dinero en armamentos que en medicamentos o educación. En todo momento circulan bajo las aguas submarinos con suficientes armas nucleares para destruir un país o varios países pequeños. Hay multimillonarios que tienen mucho más dinero del que podrían gastar en tres vidas, mientras que otros seres humanos deben sobrevivir con menos de un dólar por día. Tenemos la ONU, donde hay tratados y resoluciones ignorados por los países más poderosos cuando no responden a sus intereses particulares. Incluso contaminamos el mismo ambiente en que vivimos.
Supongamos por un momento que estuvieran allá afuera ocultos, observándonos, de manera similar a como un antropólogo observaría una tribu primitiva. Esperarían pacientemente hasta que nosotros, con nuestras acciones, respondamos una importante pregunta: ¿somos por naturaleza una especie autodestructiva o tenemos la posibilidad de cambiar para bien?
Si somos peligrosos incluso para nosotros mismos, nuestro final quedará registrado para el estudio de otros  "antropólogos". Nunca sabremos que estuvieron ahí. Por otro lado, si aprendemos de nuestros errores y los superamos, si cambiamos para bien, eventualmente llegaría el momento en que nosotros salgamos al encuentro con ellos, sin representar un peligro, sino un conjunto de interesantes posibilidades.

  En 1967 entró en vigor el tratado del espacio exterior, conocido formalmente como " tratado en los principios de la gobernanza de las actividades de las naciones en la exploración y uso del espacio exterior, incluyendo a la luna u otros cuerpos celestes". 
Uno de sus principios prohíbe la colocación de armas de destrucción masiva en órbita de la tierra, la luna, o en otros cuerpos celestes. También se establece que los cuerpos celestes son patrimonio de la humanidad y por tanto no pueden ser reclamados como territorios de un país en particular. En el año 2011, cien países ya forman parte de ese tratado. Sin embargo, ¿podemos suponer de manera optimista que tales normas serán respetadas? ¿Seguirán existiendo normas y excepciones, como ocurre con los países que en  la ONU tienen poder de voto y de veto?


La "Primera directiva"

 La ciencia ficción ya se ha adelantado a considerar estos temas. Quienes simpatizan con las películas y series de Star Trek han escuchado más de una vez sobre la primera directiva. Dentro del universo de ficción de esa serie, constituye un principio fundamental según el cual los protagonistas se comprometen a no interferir en el desarrollo de otra cultura, incluso si estuviera a punto de autodestruirse.

Veamos un par de fragmentos de la misma:

"La Primera Directiva reconoce:
El derecho de cada ser vivo de vivir en concordancia con su normal evolución cultural, ningún personal de la Flota Estelar interferirá en el sano y normal desarrollo de la vida y cultura alienígena.
Entre sus interferencias se incluye la introducción de conocimiento superior, fuerza o tecnología a un mundo cuya sociedad es incapaz de manejar esas ventajas sabiamente.

(...) Se consideró que llevarlos más allá de sus propios logros, podía ser traumático e inclusive podía llevarlos al mal uso de los nuevos conocimientos y traer consecuencias graves, como conflictos por soberanía, la conquista de otras razas y otras actitudes provenientes de haber dado un salto en su evolución sin estar preparados."

 Se trata de ciencia ficción... por ahora. Suena tan razonable que no me sorprendería que un día se vuelva realidad la redacción de un principio muy similar. Incluso explicaría por qué otras civilizaciones más avanzadas, si existieran y supieran de nosotros, no entrarían en contacto. 
Estamos lejos de la conquista del espacio exterior, y así será mientras estemos mucho más lejos de la conquista de nuestro espacio interior, nuestra conciencia, nuestras responsabilidades como ciudadanos, la adopción de nobles aspiraciones, con medios éticamente correctos. Recordemos que para que el mal triunfe, es suficiente con que la gente buena no haga nada. Por eso no importa si hay alguien ahí afuera, porque la resolución de nuestros conflictos comienza dentro de cada uno de nosotros.