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borrowed time | demi-brooke Esta es una historia ficticia, obra de la imaginación. Cualquier similitud con lugares, personas o hechos reales es pura coincidencia. Obra previamente registrada.
4. Quo vadis?A primera vista, los pasillos son todos iguales, con baldosas del mismo diseño y los mismos colores en las paredes. Un pasillo conduce a otro, que conecta con otro, que a su vez, desemboca en otro. Un ser humano normal puede caminar mientras sus fuerzas se lo permitan sin encontrar obstáculos.
No hay dos escaleras con la misma cantidad de escalones, ni con la misma cantidad de tramos. Las paredes tienen casi siempre la misma decoración, excepto cuando es cambiada, en todos los pasillos a la vez. Las oficinas cuentan en todo momento con empleados, y si les haces alguna pregunta, te enviarán a otra oficina, en otro nivel. Eventualmente encontrarás la oficina que estabas buscando, donde te dirán que debes volver en otro horario.
Todo está maravillosamente diseñado para destruir la lógica del pensamiento occidental, estimulando el instinto y la intuición. Hay un motivo para ese diseño, algo que explica la confusión, la tensión y hasta la maldad que afecta a quien pase demasiado tiempo ahí dentro. No lo descubro todavía, peo lo haré. Mientras tanto, es tiempo de tomar la siguiente clase.
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“¿Alguna pregunta?”. Supongo que viene bien decir eso al final de una explicación. Nosotros lo estábamos escuchando al principio de la clase. Debíamos tener muchas dudas y preguntas, pero no salía ninguna. Nos mirábamos unos a otros, escuchábamos el sonido de un grillo en alguna parte, el ruido de un auto al pasar por la calle.
Comprendo bien, compañeros, colegas, camaradas, que estamos solos en un sitio nuevo, que no nos conocemos aún, que somos todos extraños, que son los primeros días de clase. Sin embargo, no son aquellos primeros días en la escuela, sino en la universidad, y como ya todos tenemos más de 18 años, más vale que alguien rompa el silencio de una vez o esto va a empezar mal.
Ni modo, tendré que ser yo o nos vamos a quedar a vivir aquí. ¿Qué rayos puedo preguntar? Recordé uno de los temas que escuché en el curso previo al comienzo de clases: la crítica es subjetiva. Dije: “¿La crítica es subjetiva?”
“¿Es una afirmación o una pregunta?”, quiso saber la profesora. Tenía razón, yo no sonaba muy convencido. Lo pensé una fracción de segundo. Dije que era una pegunta.
“Es una buena pregunta”, dijo ella, y comenzó a hablar por unos cuantos minutos.
Esto iba a pasar a veces. Alguien tendría que dar el puntapié inicial, romper el hielo, hasta que con el tiempo nos fuéramos convirtiendo en nuevas personas, adaptadas al nuevo entorno, cambiados en mayor o en menor medida, pero definitivamente, diferentes.
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5. En busca del saberSegunda lección: el que se mueva más rápido, tendrá con qué estudiar. Como cualquiera puede imaginar, en la carrera de letras hay que leer muchísimo. A veces novelas, cuentos, poemas; otras veces críticas sobre esas obras, y otras veces críticas sobre las críticas. Más tarde nosotros elaboraríamos nuestros trabajos prácticos, donde escribiríamos nuestras críticas sobre las críticas de las críticas de las obras. ¿Qué pasaba cada vez que un profesor nos indicaba leer una novela? Pues para empezar, las obras eran casi siempre para los próximos 15 días, lo mismo si eran de cien páginas o de trescientas. Como cursábamos dos o tres materias al mismo tiempo, era frecuente que leyéramos dos o tres libros a la vez. Volvamos al problema de los números: la biblioteca de la universidad tenía dos o tres ejemplares de la obra en cuestión. Las bibliotecas municipales tenían, entre todas, diez ejemplares más. Nosotros éramos noventa, en algunas clases, cien. Así comenzaba una apasionante aventura: los cazadores del libro perdido. Algunos se levantaban y se retiraban antes de la clase, para llegar rápido a la biblioteca, otros partían rápidamente hacia la parada de colectivos, sin detenerse ni para saludar, y otros tenían auto.
Aquel maldito se va antes, un ejemplar que no voy a conseguir. Todavía hay otros. Soy rápido para caminar. Voy a bajar las escaleras antes que ellos, voy a tomar el primer colectivo. Hay un competidor que trata de alcanzar el colectivo corriendo, pero no lo consigue. Mala suerte para él, y buena para mí. Ya en la biblioteca voy directamente a la sección correspondiente. No necesito perder tiempo en los archivos, conozco bien la biblioteca, sé dónde encontrar esa obra. La encuentro e inicio el trámite para retirarla. Le gano el último ejemplar a una compañera por apenas un minuto. Nos miramos de reojo. Mejor suerte la próxima vez. Los que han hecho amigos rápidamente se reunirán a leer un mismo ejemplar, algunos se comprarán el libro.
Continuará...